Trabajo en grupo
Ha pasado una larga semana. Estamos a más de la mitad del mes de septiembre. El fin de semana ha sido largo. El pasado viernes hicimos los dos exámenes de latín. He aprobado por los pelos los dos. Lo bueno es que como no he suspendido no me tengo que ir de Moon College. Lo que comentó la directora de que el que no aprobase se tendría que marchar me puso de los nervios, pero tuve suerte. Aún recuerdo la visión que tuve antes de empezar las clases, fue pura suerte. En esa visión me escuché a mi misma hablando con el profesor de latín. Teníamos que aprendernos de memoria una redacción que hablaba de nosotros, así que la mía era tal cual la visión, y como nunca he podido olvidarme de mis visiones fue algo bastante práctico. Pues eso pura suerte. Sonrío al recordar lo qué paso. Y yo que quería evitar esa visión...
Me levanto de la cama, miro por la ventana, la persiana está medio bajada, pero se ven unos árboles a bastantes metros de la habitación, más allá, empieza a ser más frondoso. Me doy la vuelta, y me quedo sorprendida al ver que Maia no está en su cama, que está deshecha. Su armario está entreabierto. Me imagino que ha debido ir a ducharse, aunque lo hizo la pasada noche. En estos días nos hemos tratado un poco. Tampoco se mucho de ella, sólo que no viene a hacer amigos. Cuando me dijo eso me quedé callada, pues pensaba que podíamos serlo, pero ella rápidamente añadió que yo le caía bastante bien. Me acerco a mi armario, y escojo lo primero que pillo, salgo del dormitorio compartido, y me encuentro a Jackeline sentada, hablando con Maia. Me quedo sorprendida. Maia parece que se ha dado cuenta, me mira, sonríe, y sigue susurrando alguna cosa con ella. Trago saliva, y sigo mi camino hacía el cuarto de baño. Me encierro allí.
Me encontré con Gabriel en la puerta de la casita. Le sonreí. Pasa mucho tiempo con nosotras. Bueno en la casita. Se pasa el día vigilando a Jackeline, y un par de veces le he escuchado amenazar a un par de chicos que la miraban.
-¿Esperando a Jackeline?-le pregunté con una sonrisa, Gabriel se pasa todas las mañanas a esperar a su prima, para acompañarla a clase.
-No.
-Mejor, porque hoy se ha ido temprano con Amina, Carla, y Marcos-le respondí con tranquilidad, esperando lo que iba a decir a continuación. Esperando su respuesta ante el nombre de su mejor amigo.
-Ah-contestó él con tono despistado-En realidad te esperaba a ti.
Levantó la cabeza, para poder dirigirme una de sus miradas, está sonriendo a medias. No aparto la mirada de sus ojos mientras comenzamos a andar. Yo también le estoy sonriendo, y agarrando fuertemente mi mochila. Siempre que estoy con él me infunde esa sensación de seguridad. Durante estos días en Moon College me he sentido un poco extraña. De vez en cuando, sobretodo cuando estoy sola, me entra una repentina sensación de intranquilidad, como si estuviese rodeada de peligros que desconozco. Pero al lado de Gabriel me siento mejor, y se me olvidan las tonterías que a veces se me pasan por la cabeza.
-Al final pasaste los exámenes, ¿eh?
-Sí, menos mal, creía que iba a suspender el oral-le contesté.
-A mi también me costó un poco.
-¿Sabes que Marcos se hizo una chuleta para el escrito?
-Lo sé, se pasó la noche con la luz encendida, y apenas me dejó dormir-se quejó Gabriel, pero después los dos nos reímos.
-Aún así no le sirvió de mucho, casi le pillan, y apenas ha sacado un seis.
-Pero a él le basta.
Anduvimos unos minutos hasta el edificio principal. Entramos, y nos dirigimos a la clase. Empezaba de verdad la vida en Moon College, las clases estaban a punto de comenzar. La primera es con el tutor, al que todavía no conocemos. Hablará con nosotros un rato, después nos entregará los horarios, y a la siguiente clase.
Por suerte Gabriel estaba en la misma clase que yo. También estaban allí Jackeline, Amina, Marcos, Alex, y Carla que hablaban con un chico al que he visto un par de veces discutir con Maia. Nos acercamos al grupo, saludamos a todos. Gabriel se acerca un poco a su prima, y le susurra al oído.
-Abróchate un botón más, Jack.
-Cállate, Gabi, déjame vivir-le respondió ella con la voz llena de furia, pero apenas fue un susurro que pudimos escuchar él y yo. Sonreí. Me hacía gracia ver cómo Gabriel empezaba a decirle esas cosas, como si fuese su padre. Gabriel suspira, a veces su prima le pone de los nervios.
-Hazlo tú, o lo hago yo.
El resto seguían hablando sin que nadie se percatase de la conversación entre los primos. Yo intentaba prestar atención a lo que hablaban los demás, aunque los tenía tan cerca que me constaba concentrarme. Jackeline fulminó con la mirada a Gabriel, y se abrochó un botón de la camisa.
-¿Contento?-le contestó con la voz llena de fastidio.
-Ahora está mejor.
Jackeline bufó con sonoridad, y el resto del grupo la miró, pero ella simplemente sonrió. Gabriel me miró, y sonrió complacido. En ese instante entró Maia, me miró con una sonrisa con la que me pedía perdón. Supongo que cree que estoy molesta por lo de que estuviese hablando con Jackeline. Me separo del grupo, para hablar con ella.
-Se que Jackeline no te cae bien, pero tenía que hablar con ella de un par de cosillas-me comentó con la voz llena de arrepentimiento, la miré con dulzura.
-No seas tonta, no me molesta que hayas hablado con ella-le contesté con la voz serena-¿de dónde te has sacado que me iba a molestar?
-No sé-me miró a los ojos, me encanta el color oscuro de sus ojos azules-Como no os lleváis muy bien, y eso...
Me reí. Maia había cambiado un poco desde la primera vez que la vi. Pero no por fuera. Lo que quiero decir es que desde el primer momento me pareció una chica que tenía muy controlados sus sentimientos, que aparentaba una profunda calma. Aunque eso cambiaba cuando aparecía el chico ese, que tenía la capacidad de sacarla de sus casillas. Y también se quitaba esa máscara cuando está conmigo. No nos conocemos demasiado, pero sé que es buena persona. Seremos amigas.
-No me importa que hablas con ella, yo también lo hago, aunque no la trago.
Maia asintió con los ojos brillantes.
-Yo tampoco la trago mucho.
Nos sonreímos mutuamente. La clase empezó.
-¿Me haces un pequeño favor?-me pidió con voz suplicante, con los ojos brillantes, mirándome con su carita pálida. No me pude negar-Siéntate conmigo.
-Sí, claro-contesté extrañada-¿Pero qué pasa?
-Samuel no para de perseguirme.
-¿Samuel?-le susurré preocupada cuando nos sentamos.
-El chico que está ahora con la rubita.
Levanté la mirada para buscarle con disimulo. Al otro lado de la clase, justo al lado de una ventana había un chico. El chico con el que la veo discutir de vez en cuando en los recreos. Se llama Samuel.
-Ah, ese.
Le volví a mirar, para quedarme con su cara. Nos miraba. Me quedé sorprendida, miré a Maia, que estaba con la vista fija en la profesora que era nuestra tutora. Volví a posar mis ojos en él. Me guiñó un ojo, y volvió a su conversación la chica rubita, que parecía muy ocupada alabándole. Él se deshizo de ella como pudo, la chica no paraba de sobarle. Me reí por dentro. Era digno de ver. Samuel, que no paraba de perseguir a Maia, ahora era el perseguido. Creo que algún día debo de felicitar a esa chica.
-Soy Lainne Lin, vuestra tutora, aunque también soy una de las profesoras de chino.
Habló sobre el curso, lo que esperaba de nosotros. Nos dijo que había profesores que eran muy exigentes, más de lo que deberían. A los que estamos con una beca nos comentó que pasásemos por su despacho a la hora de la comida, que tenía nuestros ordenadores personales. También nos advirtió que si queríamos continuar el curso siguiente teníamos que demostrar que estamos dispuestos a estudiar. Así un buen rato. Después uno por uno le fuimos dando nuestro nombre, y ella nos miraba uno por uno, quedándose con todos los detalles. Sonrió cuando Maia habló. Miré otra vez a la profesora. Ella era la mujer que se había llevado a Maia al despacho de la directora, solo que hoy llevaba su larguísimo cabello suelto. Cuando acabamos de hablar nos fue llamando uno por uno para darnos nuestros horarios. Al acabar de repartirlos nos dijo que quedaban unos minutos antes de poder salir hacía la siguiente clase, así que nos quedamos en clase. Ella mirando cómo nos relacionamos. Y nosotros de pie, hablando unos con otros. Samuel se acercó a nosotras, con la rubita a su lado. La chica era alta, con la piel morena por el sol del verano, sus ojos son grandes, de color azul clarísimo, el cabello rubio es liso, lleva flequillo.
-Jessica, estas son Maia y...-me miró a los ojos, intentando saber cómo me llamo, pero así no lo va a averiguar, así que me decido a hablar.
-Soy Ashley-le contesté como si fuera elemental saberlo. Sobretodo porque sé que me estaba mirando cuando me he presentado. O quizá miraba a Maia, pero da igual.
-Eso, Ashley-dijo como si acabase de acordarse. Crucé los brazos por debajo de mi pecho, y puse los ojos en blanco.
-Ash y yo nos tenemos que ir-Maia fingió que tenía prisa, no quería estar cerca de él ni en broma, se lo noté por lo nerviosa que se puso al acercarse ellos.
-Sí, tenemos una conversación pendiente con... Carla-añadí al ver a la pelirroja con la que compartíamos casita pasar por delante nuestra. Agarré a Maia, y salimos detrás de Carla.
-Gracias, Ash.
Se había convertido en una costumbre que Maia me llamase así. Al principio me recordaba a cuando hablaba con Sylvia, pero en el fondo me agradaba que alguien volviese a llamarme así.
-No importa-contesté-Ya sabes, siempre que necesites huir, avísame.
Maia se rió con serenidad. Desde que nos habíamos alejado de esos dos no estaba tiesa como el palo de una escoba. Nos acercamos a hablar con Carla para disimular. Además pude ver que Maia estaba interesada en alguna cosa que tenía relación con ella.
-Carla-la llamé, y se acercó a nosotras con una dulce sonrisa, es bastante simpática, un poco tímida, y muy inteligente-¿Qué tienes en la siguiente clase?
-Matemáticas-contestó mirándonos a los ojos, primero a mi, y luego a Maia-¿Y vosotras?
Las dos bajamos la mirada al horario que teníamos en las manos. Sonreí.
-Matemáticas-contestamos Maia y yo al unísono, y después de mirarnos nos reímos. Vi a Gabriel hablando con Jackeline en la mesa de al lado. Les miré un poco de reojo, esperando a que acabasen de hablar para acercarme a él.
-Oye, Carla, ¿hace mucho que Alex y tú os conocéis?-le pregunto con curiosidad Maia.
-Pues hará unos tres o cuatro años, somos vecinos-contestó con timidez.
Miré a Maia. Esta chica me preocupa un poco. El otro día la pillé espiando a Alex y Carla mientras hablaban de no sé qué cosa, tampoco me importa. A ver, no me importa de lo que ellos estuviesen hablando. Le dije a Maia que era de mala educación, y ella se rió. Y después añadió algo de qué alguien le había dicho lo mismo hace poco. Así que me estoy planteando que quizá... A Maia le pueda gustar Alex, ¿no? Por eso pregunta por él. Por eso les espiaba. Por eso habló con alguien por el móvil el otro día de él. ¿No? Las dejé solas, y me acerqué a Gabriel, que estaba hablando ahora con Marcos, y Amina.
-¿Todos tenéis mates ahora?-preguntó él con fastidio, y miró los horarios de ellos dos-Pues vaya.
-¿Qué pasa?-le pregunté, y le dediqué una sonrisa.
-¿Me enseñas tu horario?-me preguntó con los ojos brillantes. Me encantaban sus ojos. Y su voz. Y las sonrisas que me dedica. Y... Dejémoslo ahí. Me incliné para mirar su horario, para compararlo con el mío. Arrugué la nariz, y torcí los labios.
-Hoy sólo coincidimos a la hora de plástica... y a última, en gimnasia.
Él cogió mi horario, y comprobó el día de hoy. Suspiró, dándose por vencido.
-Estáis todos juntos, menos yo-se quejó.
-No qué va, a mi me tocan las mismas que a ti-le comentó Alex con su particular tono de diversión. Me di la vuelta, se acercaba a hablar con nosotros. Me estaba sonriendo.
-Pues qué alegría-contestó Gabriel con ironía.
Alex soltó un par de carcajadas, y se colocó a nuestro lado. Le miré.
-Se que no soy tan guapo como Ashley, pero no te quejes, por lo menos tienes compañía.
Me sonrojé al escucharle hablar de mí, y miré a Gabriel, que contenía la risa como podía. Me miró, y me sonrojé todavía más.
-Pues vaya compañía-volvió a contestar con tono irónico, pero después se rió, más animado que antes. En ese momento Lainne nos llamó la atención, era hora de que nos fuésemos a la siguiente clase. Maia, Carla y yo salimos enseguida hacía el aula de matemáticas.
-¿Y vives sólo con tu padre?-preguntó con curiosidad Maia, mirando directamente a los ojos a Carla, ella rehuyó su mirada.
-Sí, mi madre murió hace muchos años, no la conocí-contestó Carla, miró de reojo la reacción de Maia, que al principio abrió un poco los ojos, y después volvió a ponerse seria.
-Mi padre murió hace un año-confesó Maia, se le quebró la voz al acabar la frase. Las miré a las dos, Carla no sabía qué decirle. Yo tampoco. Ahora Maia estaba inmersa en sus pensamientos. Carla y yo nos miramos, me sonrió con tristeza, y decidimos no decir nada.
Cada vez estaba más ansiosa porque llegase la hora del recreo. En la clase de matemáticas Maia me ha estado evitando, he intentado un par de veces empezar una conversación con ella, pero siempre me decía que quería escuchar, o rehuía mi mirada. He empezado a preocuparme por ella. Lo que nos ha contado me ha dejado bastante triste. ¿Quién podría haber querido matar a su padre? Al acabar la clase a salido como un huracán de la clase. Carla se ha acercado a mi con su carpeta, y sus libros en brazos, con cara preocupada, y sus ojos azules con un resplandor de preocupación.
-¿Crees que deberíamos decirle algo?-me preguntó con la voz desolada, parecía que estaba muy mal, que lo que había dicho Maia le afectase, y bastante.
-¿Por qué te preocupas tanto por ella?-le pregunté, intentando que notase que también me preocupo por ella. Pareció dudar, seguía dudando mientras salíamos de la clase, y nos íbamos a la clase de historia.
-Mi madre... mi madre...-empezó a decir, pero supe que no iba a acabar de decir lo que estaba intentando contarme.
-No importa, Carla, sea lo que sea, no hace falta que me lo cuentes.
Sus ojos parecían llenos de lágrimas. Hoy no es un buen día, todos están sensibles.
-Gracias, Ash-me agradeció, y después de regalarme una tímida sonrisa me abrazó con fuerza. Al principio me sorprendí, pero después la abracé-En otro momento te lo contaré.
Y eso fue una promesa.
Aunque no me importa si no lo hace, sé que sea lo que sea, le duele hablar de eso.
Durante esta clase de historia estoy más en la luna que prestando atención al profesor. No es que me preocupase nada en particular. Bueno sí. Me preocupa el comportamiento de Maia después de eso. Y también que a cada momento hace más calor. Espero que no dure durante todo el día.
-Durante estos primeros meses repasaremos lo que ya sabéis acerca de la prehistoria, Mesopotamia, Egipto, Grecia y Roma, la edad media...-siguió diciendo cosas, hasta que algo volvió a llamar la atención-Pero lo estudiaréis desde otro punto de vista, en algunos periodos de la historia sólo conocemos un poco, pero de otros tenemos su mitología, sus leyendas, incluso libros que hablan de cómo vivían, qué hacían o en qué creían. Incluso elegiremos dos o tres periodos, y tendréis que vivir así durante una semana, pero eso será más adelante, ya veréis. La historia es... fascinante.
Este profesor está un poco chalado. ¿¡Vamos a vivir durante una semana como qué!? Está claro que Moon College no es una escuela muy normal. ¿Lo sabrían los padres ricos de todos estos alumnos?
Jackeline estaba sentada con Amina delante de Maia y de mí. Estaban hablando, más bien cuchicheaban sobre alguna cosa, Maia las miraba de reojo, sin perderse ningún detalle. Me quedé pensativa el resto de la clase. ¿Qué puedo decirle a Maia? Ha sonado el timbre, y otra vez, Maia ha salido disparada de la clase. He recogido mis cosas lo más rápido que he podido, y he salido por la puerta, con tan mala suerte que me he echado encima de alguien, y hemos caído al suelo, me he levantado con rapidez. He comenzado a recoger mis cosas.
-Lo siento-he dicho sin tan siquiera mirar a quién he tirado al suelo.
-No importa, Ashley-me contestó la voz de Gabriel.
Levanté la mirada, sorprendida. Me miraba, y sonreía con tranquilidad. Me ayudo a recoger las cosas que habían caído al suelo.
-Gracias.
-¿Por qué salías tan rápido?-me preguntó con mucho curiosidad, mientras me tendía mi libreta, la cogí.
-Quería hablar con Maia, pero ha salido muy rápido.
-¿Os ha pasado algo?-preguntó con preocupación, le miré, tenías las cejas y los labios fruncidos.
-Sí. No. Bueno, no es nada importante.
Se quedó mirándome. En sus labios asomó una pequeña sonrisa, levantó las cejas, y me miró a los ojos. Después preguntó con paciencia:
-¿En qué quedamos?
Aparté los ojos de él. Y seguí andando, él me acompañó. Era la hora del recreo, así que fuimos hasta el patio. Intenté buscar con la mirada a Maia.
-No me vas a contestar, ¿verdad?-me preguntó con resignación
Suspiré.
-Es que... no creo que Maia quiera que lo sepa mucha más gente.
Gabriel levantó la cabeza, y miró al horizonte. Asintió.
-Está bien-se quedó quieto unos segundos, y después volvimos a andar-¿Qué tal las clases?
-Bien, supongo-le contesté sin prestarle mucha atención. Acababa de vislumbrar una cabellera rojiza. ¿Carla? Puedo hablar con ella, para que hagamos algo para animar a Maia.
Gabriel se rió.
-¿No has estado muy concentrada?
-¿Por qué piensas eso?-le pregunto mirándolo a los ojos castaños. Son tan bonitos que puedo perderme en ellos. Parece que las preocupaciones van desapareciendo poco a poco. Gabriel rompe el contacto visual.
-Porque ahora tampoco lo estás, y supongo que es por lo que haya pasado con Maia.
-Muy observador.
-Sí-contestó él con calma-Carla se ha ido por allí.
Y miró hacía el lugar en el que había visto desaparecer a la chica pelirroja. Miré en la misma dirección.
-Gracias-respondí avergonzada-Pero supongo que nuestra conversación puede esperar.
-¿Estás segura que Carla puede esperar?
-Sí-asentí con energía.
Y supongo que Maia también puede esperar.
La clase de plástica era muy amplia. Sus paredes eran todas iguales, era una habitación cuadrada. Había estanterías sin montar, cajoneras apiladas en el suelo, cajas de cartón llenas de materiales. Y más. La profesora parecía entusiasmada, y enseguida toda la clase nos contagiamos de ese entusiasmo. Hablamos de sus clases, de todo lo que quería que aprendiésemos, de lo divertidas que serían las clases.
-Bueno chicos, quiero empezar con un trabajo en grupo-nos comentó con una amplia sonrisa. Se apartó el cabello de color negro, que despuntaba algunas mechas de color azul oscuro. Sus ojos castaños brillaban con ilusión. Todos nos pusimos nerviosos enseguida al oír lo de trabajo en grupo. Las miradas iban de unos a otros, los amigos se buscaban entre ellos.
-No os hagáis tantas ilusiones-añadió la profesora ocultando una sonrisita-Yo organizaré los grupos, pero primero hablemos del trabajo. Quiero que diseñéis bocetos para pintar las paredes de la clase. Creo que todos coincidimos en que esto no parece una clase de plástica, ¿verdad?
Todos le dimos la razón. Necesitaba que pareciese un taller de artistas. Y eso mismo dijo la profesora.
-Bien, pues primero elegiréis un tema entre todos los del grupo, después los dibujaréis en una hoja A3. Y por último, cuando yo le de el visto bueno al boceto lo pintaréis sobre las paredes. Es obligatorio que todos participéis. Lo que queda de clase la dedicaremos a elegir el tema.
Y después de decir esto se dispuso a ponernos en diferentes grupos. Nos fue separando, y mandando a diferentes mesas. Después volvió a revisar los grupos, e hizo un par de cambios. Por lo que en un mismo grupo quedamos Jackeline, Amina, Marcos, Gabriel, un chico que se llamaba Richard y yo. En otro estaban Carla, Alex, Maia, Samuel, Jessica y un chico más, al que escuché que todos llamaban Enrique. Nos sentamos en una mesa, la profesora Martínez nos dio varias hojas blancas por si queríamos apuntar cosas. Tuvimos una pequeña discusión, pero al final pudimos solucionarlo, pero Jackeline parecía que no estaba de acuerdo con la solución a la que habíamos llegado. Entre Amina y Gabriel intentaban convencerla. Miré al resto de las mesas, en todas o están discutiendo en ese preciso momento, o había alguno como Jackeline, que no aceptaban lo que el grupo decían. Me quedé mirando a Maia, estaba con los labios apretados, con los ojos fijos en la mesa, y sobre la mesa tenía los brazos cruzados. Samuel estaba hablando, y riéndose, sentado al lado de Maia. Que cada vez estaba más enfadada.
-Oh, está bien, está bien, el tema será la mitología-se dio por vencida Jackeline, pero no acababa de estar del todo convencida-¿Y qué hacemos?
Jackeline me miró a los ojos. El resto del grupo también lo hizo. Suspiré. Yo había dado el tema, tendría que dar también la primera idea. Lo pensé. Repasé todo lo que sé de mitología. Según iban pasando los minutos, Jackeline fue cambiando su expresión de fastidio por la de alegría. Si yo me daba por vencida en ese momento, entonces ella habría ganado esta vez. Y si lo que quiero es caerle bien, tendré que convencerla.
-Sirenas-añadí rápidamente.
La sonrisa de Jackeline se rompió. Se quedó mirándome fijamente sorprendida, y poco a poco volvió a sonreír, ahora con más amplitud. Y con sinceridad.
-¡Es una idea estupenda!-exclamó encantada Jackeline, miré al resto del grupo, todos parecían conformes con mi primera idea, aunque me pareció ver que Amina torcía la boca, pero tan rápido como apareció el gesto, desapareció, regalándonos una sonrisa un poco forzada.
-¿Qué más podemos hacer?-preguntó Richard.
Jackeline levantó la vista de la hoja de papel en la que estaba apuntando el tema, y la primera idea. Me miró con los ojos brillantes.
-Podemos poner algún dragón, ¿no?-añadió Gabriel, mirándonos a todos, evaluando nuestras reacciones. Aceptamos todos, sonreí. Me parece que somos el único grupo que ya no discute.
-¿Habéis oído hablar de Cerbero?-nos preguntó Amina, con una sonrisa extraña en sus labios. Asentí. A parte de Richard y yo, nadie más había sabía qué era. En ese momento sentí curiosidad por Amina-¿Quieres contarlo tú, Ashley?
La pregunta me sorprendió bastante. Me quedé muda. Su tono de voz era dulce, amistoso, pero me pareció que enmascaraba algo.
-Sí, claro-contesté, y me precipité, emocionada, a añadir-Cerbero forma parte de la mitología clásica, vamos de Grecia y Roma. Era uno de los guardianes del reino de Hades, sumergido en el Inframundo, donde habitaban todas las almas. ¿Todos habéis visto la primera película de Harry Potter?
-Sí-contestaron todos al unísono, me miraban esperando que les definiese al ser mitológico. Incluso Amina, que sabía lo que iba a contar, me miraba expectante, con su sonrisa extraña.
-Entonces sabréis quién es Fluffy. Y más o menos es así, sólo que por lo que yo tengo entendido tiene cola de dragón. Pero supongo que eso da igual-añadí encogiéndome de hombros.
-Guay-soltó Marcos.
Me di cuenta de que todos estaban encantados. Pero la clase finalizó en ese instante. Salimos del aula, y volvimos a separarnos en varios grupos. Me acerqué a Maia. Ella comenzó a andar mucho más rápido, casi corría, me dejó sola en medio del pasillo.
-¡Solo quería preguntarte por qué estabas tan enfadada en clase de plástica!-le grité desde lejos, aunque ya estaba muy alejada para poder escucharme. Suspiré. Bajé los hombros, rendida. Comencé a andar hacía la siguiente clase. Inglés. Perfecto, así podría evadirme de todo.
En esta clase, harta de que Maia pasase de mi, decidí sentarme con Carla. La clase comenzó. Ya me estaba aburriendo unos segundos después. Así que en una de las hojas blancas que me había guardado de clase de plástica empecé a dibujar una sirena. En pequeño, para enseñárselo después al grupo. La hice sentada, con su larga cola, con el cabello largo y rizado, con una lira en las manos, y unas notas musicales saliendo tanto del instrumento como de sus labios gruesos. Se daba cierto aire a alguien, pero no caigo en quién. Carla se inclinó para ver qué hacía. Le tendí el dibujo, y ella lo observó maravillada.
-¡Dibujas genial!-exclamó encantada. Me sonrió.
Después de dos clases más, salimos del edificio principal, y nos acercamos al comedor. En la puerta ya se podía oler a queso fundido. Suspiré. Traspasamos la puerta de cristal, las mesas eran azul celeste, las sillas blancas. Nos acercamos a la fila para servirnos las comida. Cogí macarrones con queso. Un plato de ensalada con mucho maíz. De postre unas natillas. Me invitó a sentarme en su mesa. Jackeline, ella me invitó. Gabriel sonrió cuando vio que me acercaba, a mi lado venía su prima. Por detrás venían Carla, Amina y Maia. Nos sentamos todos en la misma mesa, con Marcos y Alex.
-Me ha encantado la idea que has tenido para plástica-comentó encantada Jackeline.
-La verdad es que ha sido genial-añadió Amina, que dicho esto empezó a comer.
-Gracias-respondí un poco avergonzada por tanto halago.
-¿Os ha enseñado el boceto?-preguntó Carla. Me sonrojé. Se me había olvidado que tenía el dibujo de la sirena doblado y guardado en el bolsillo del pantalón.
-¿Qué boceto?-preguntaron al unísono Amina y Jackeline, las dos me miraron. Saqué el papel arrugado del bolsillo, y se lo dejé para que lo viesen.
-No es nada-les expliqué-Me aburría en clase.
Amina sostenía el dibujo, y los ojos de las dos no se perdían ni un detalle del dibujo. Jackeline estaba sorprendida, con los ojos muy abiertos, y en la boca se le iba formando una sonrisa cada vez más grande. Amina pareció un poco incómoda ante el dibujo al principio, pero después simuló estar encantadísima.
-¡Es la sirena más real que he visto nunca!
-No es para tanto, Jack-le contesté con las mejillas sonrojadas.
Jackeline abrió la boca para decir algo, pero en cambio lo que hizo fue pasarle al resto el dibujo.
-Oye Alex-dijo de pronto Maia, llamando la atención de todos-Carla me ha dicho que sois vecinos desde hace unos tres años, ¿dónde vivías antes?
Alex levantó la cabeza, y miró a Maia, durante un segundo pensé que en sus ojos se reflejaba algún tipo de odio, pero fue tan solo un segundo. Creo que lo imaginé.
-El trabajo de mi padre le impide instalarse mucho tiempo en algún lugar-contestó Alex con la mirada fija en Maia, ella tampoco rompía el contacto visual.
-¿Y de dónde eres?-preguntó Maia.
-De ningún sitio en particular-contestó Alex con tono amenazador.
Se miraban, sin apartar los ojos. Carla miraba primero a Maia, y después a Alex, como si no entendiese de qué hablaban. Ninguno los entendíamos.
-En algún sitio nacerías, ¿no?-insistió Maia mirándole con profundidad.
-Sí, pero al poco me marché, para no volver allí.
-¿Y por qué no vas a volver?
Ellos estaba uno enfrente del otro, y cada vez se juntaban más. Miré a Gabriel, parecía inquieto. Pasé la mirada de Gabriel a Jackeline, ella los miraba intentando entenderlos. Amina intentaba ocultar una sonrisa traviesa. Marcos buscaba a alguien con la mirada, pero se estaba enterando de todo lo que pasaba.
-Porque ahora estoy aquí, y antes estuve en Francia, con Carla, no soy de ningún sitio porque me gusta viajar-contestó Alex después de unos minutos. Se había pensado muy bien la respuesta. Maia bufó. Ahora parecía muy enfadada. Se levantó de la mesa, y se fue del comedor. Me quedé paralizada. ¿Qué está pasando entre estos dos?



